Uno de los retos más comunes al establecer una estrategia digital para una marca, es comprender ese hilo delgado entre lo que se quiere, desde lo personal, y lo que se necesita desde lo comercial. Es claro que va a haber un vestigio de preferencias personales tratando de orientar la estrategia o incluso la marca. Sin embargo, esto podría ser un arma de doble filo.

Ya sea trabajando con marca propia o trabajando en la marca de otro, es necesario separar las preferencias de la estrategia, porque las redes, aunque iniciaran, y en cierto modo sigan siendo una herramienta de conexión social, se rigen por números y estadísticas, que ciertamente se validan por sí mismas y son más confiables que el gusto personal.

Una estrategia inicia con el análisis de buyer persona, un posible perfil de compradores creado a partir del AND de la marca, que será puesto a prueba y demostrará su cercanía a la realidad a través de la estrategia comercial. Posteriormente llegan los ensayos, porque en redes sociales todo se trata de probar y evaluar, con un monitoreo disciplinado que permita modificar lo que no muestra resultados significativos e impulsar lo que muestra aceptación fuerte.

Esto nos lleva al siguiente conflicto ¿Llegar a muchos o llegar a los que son? Ciertamente eso depende de las necesidades, si lo que busco es reconocimiento de marca, probablemente quiera llegar a mucha gente con una segmentación superficial para mostrar el nombre por primera vez; si lo que busco es generar conversión (ventas), no se trata de cantidad, sino de calidad, pues es mucho más rentable invertir en un público específico (Quizás más costoso) con altas probabilidades de compra, que gastar el mismo presupuesto en más personas (Con menos especificaciones) que seguro representan menos probabilidades de compra, porque no fueron alcanzados por estar precisamente interesados en mi oferta.

Aquí surge la batalla ¿Quiero seguidores indiscriminadamente para validar mi posición en redes o quiero una comunidad participativa que genere conversión? La respuesta a esa pregunta podría ser la diferencia entre un vendedor común y un estratega.

Como ven, en ningún escenario hay espacio para el gusto, las sospechas o las adivinanzas, mucho menos las copias. Cuando buscamos posicionar una marca debemos comprender que la subjetividad se aleja, porque, aunque implique procesos creativos, la rigurosidad del análisis de datos no tiene licencias personales ni se fundamenta en caprichos. Por ende, el primer paso de la estrategia es separar lo que nos gusta de lo que funciona.

Diana Garzón

Comunicadora Social

Social Media Manager

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